Documentos desclasificados de la Guerra de Malvinas – Por Ricardo Marconi

📜 El Rompecabezas de la Muerte en Rosario – Por Ricardo Marconi

Documentos desclasificados de la Guerra de Malvinas

 

Se agotaban los tiempos de la dictadura y el general Agustín Lanusse debió salir a la cancha como jefe para convocar como ministro del Interior al radical Arturo Mor Roig, hombre cercano a Balbín, aunque ello potenciara su linaje gorila, según la opinión pública.

Mor Roig tendría que cumplir el objetivo de llevar adelante la vida política nacional, que debía concluir con el exilio del general Juan Domingo Perón desde Puerta de Hierro, dándole a la operación el nombre de “Gran Acuerdo Nacional”.

Por su parte, Lanusse tenía dos decisiones pendientes: sacar del juego a Perón, sin proscribirlo y llegar, él mismo, a la presidencia de la nación por mandato de las urnas y no mediante la utilización de los fusiles.

Robert Potash, en su libro “La política y el ejército en la Argentina 1962-1973 (volumen 2), deja claro que el militar envió a su ayudante inmediato, el coronel Francisco Cornicelli, a Madrid, a cumplir una misión secreta.

 

Con falsa identidad

En una misión encubierta, con pasaporte falso, el emisario arribó a su destino el 15 de abril de 1971 y a la semana, en Puerta de Hierro, teniendo como testigos al delegado de Perón, Jorge Paladino y un secretario del líder peronista que con el tiempo asomaría a la faz pública: José López Rega.

Perón le dio un poder al justicialista Jorge Daniel Paladino (26/1/1925 – 26/11/84), para continuar las conversaciones en Buenos aires, ya que Lanusse pretendía que desautorizase los ataques guerrilleros en nombre de Perón, quien repetidamente dijo: “No tengo capacidad de control sobre la guerrilla”.

Jorge Daniel Paladino, junto a Juan Domingo Perón y María Estela Martínez (Infobae)

Y así se iniciaron las versiones insistentes, echadas a rodar sobre “un gobierno de coalición” y se generaron comentarios acerca de reformas institucionales que regularan el retorno eleccionario prometido, esto es el Estatuto de los Partidos Políticos, el régimen de balotaje, un mandato de cuatro años presidencial y la elección directa del presidente y vice, sin la mediación del Colegio Electoral.

Perón, desconfiado, desplazó a Paladino que lo venía acompañando desde 1968, debido a que creyó que este último había pasado a ser el “representante de Lanusse” ante él mismo[1], y lo reemplazó por Héctor Cámpora por su atributo fundamental: La lealtad.

Al poco tiempo Perón lo designó a Héctor J. Cámpora candidato y con ello pulverizó las maniobras de Lanusse, quien designó al brigadier Jorge Rojas Sylveyra[2] como embajador en Madrid.

 

El secreto de “la mercadería”

Otro enviado fue el coronel Héctor Cabanillas, con quien Lanusse compartió un secreto: Cabanillas a Lanusse le avisó en su momento y telefónicamente a Rojas Silveyra que el “El 3 de setiembre llegará a Madrid con “la mercadería”, palabra, esta última, que utilizó para referirse al cuerpo de Evita.

No era una “mercadería común” sino el cuerpo embalsamado de Eva Perón, que Lanusse había dispuesto restituir al viudo.

 

Cláusula tramposa

El general de la Casa Rosada ya había establecido una tramposa cláusula de proscripción, dictada a medida de un solo aspirante a la presidencia. Se trataba de la exigencia de residir en Argentina entre el 25 de agosto de 1972 y el día de las elecciones, el 11 de marzo de 1973.

En una reunión en el Colegio Militar de la Nación, ante el generalato Lanusse señaló: Si Perón necesita fondos para venir, el presidente se los va a dar, pero no me corran más, ni a mí ni a ningún argentino, diciendo que Perón no viene porque no puede. Admitiré que digan porque no quiere. Pero en mi fuero íntimo diré: Porque no le da el cuero para venir”. Perón ya tenía decidido regresar.

Eso era así luego del desgaste del poder lanussista, del fusilamiento de un grupo de 19 guerrilleros presos en una fuga a medias desde el penal de Trelew y por los crecientes episodios de violencia política que sacudían al régimen militar.

Lanusse estaba furioso por el acuerdo partidario y frentista entre Perón, Frondizi, la C.G.T, agrupaciones políticas y empresarios que habían centralizado sus operaciones en el Frente Cívico de Liberación Nacional (Frecilina).

El 17 de noviembre de 1972, a las 11.15, bajo un diluvio el “Giuseppe Verdi” DC8 blanco de Alitalia aterrizó en Ezeiza, luego de 17 años y 52 días de exilio.

El 17/11/ 1972, el General Perón volvió al país después de casi 18 años de exilio. En esa fecha se festeja el “Día del Militante”

Un total de 35 mil soldados, tanques y piezas de artillería habían convertido al aeropuerto en una fortaleza sitiada y Perón, Isabel Cartas de Perón, López Rega y Cámpora fueron alojados en el Hotel Internacional. Lanusse lo recibió y Perón, con ironía, preguntó si estaba preso.

 

El tema económico 1976 a 1978

Obviamente, el exministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz y el ex componente de la Junta Militar Rafael Videla no eran estatistas ni proteccionistas y llevaron a la muerte a muchos argentinos en nombre de la economía de mercado.

Martínez de Hoz redujo en un año el 40 por ciento del salario real y a la población se le redujo el 30 por ciento de su participación en el ingreso nacional. Para pagar la canasta familiar el trabajador debía laborar 18 horas diarias y la desocupación se incrementó un 9 por ciento.

 

“La tortura es un acto de servicio”, según los militares

Para los militares del Proceso la tortura era “algo normal” y no un exceso, ya que hubo actos violentos gratuitos y, además, era considerada “un acto de servicio”.

“En Rosario no quedó casi nadie. Murieron las mujeres del secretariado. Cayó Mónica Capelli, que había salido de la pensión con su hija de 3 años y al otro día apareció la nena que traía un hombre. Había dejado a la pequeña a un compañero.  Después se llevaron a la hija de Mónica. También cayó Magdalena Nosiglia (Negrita) y un hombre.

 

Con una ayudita de Kissinger 

Documentos desclasificados exponen al ex secretario de Estado Henry Kissinger como obvió masivas violaciones de derechos humanos de la dictadura militar a la que –guiñándole un ojo-advirtió: “si pueden terminar antes que nuestro Congreso vuelva, sería lo mejor” para evitar sanciones.

Kissinger fue miembro de la Comisión Trilateral, el Club de Bilderberg y del C.F.R., así como de la organización para ordenar la justicia a nivel mundial, desde la visión de un número creciente de países.[3]

En octubre de 1976, Kissinger y altos funcionarios estadounidenses, dieron su total respaldo a los generales argentinos y los alentaron a terminar la represión, antes que el gobierno norteamericano decidiera una reducción de su ayuda militar.

“Nuestra actitud básica es que nos gustaría que triunfen. Tengo una posición anticuada que los amigos deben ser apoyados. Lo que no se entiende en mi país es que ustedes tienen una guerra civil. Leemos sobre los derechos humanos, pero no sobre el contexto. Mientras más rápido triunfen, mejor”, agregó.

“El problema de los derechos humanos está creciendo. Su embajador puede informarle. Deseamos una situación estable y si es así no les causaremos dificultades innecesarias”, acotó luego el secretario de Estado.

 

El Plan Cóndor y el NSSM

Paulo Ares no duda en vincular el proceso político vivido en nuestro país, a partir del 24 de marzo del 76 y la aplicación, en el Cono Sur del “Plan Cóndor” con el contenido del NSSM[4].

Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, dictadores argentino y chileno respectivamente

Ares afirma que “frente a la sustentabilidad planetaria, tanto Perón como Kissinger parecen coincidir en la necesidad de un esfuerzo internacional. Pero “mientras que, al decir de Evita, el pensamiento del Perón responde al influjo de las causas del hombre y de los pueblos, el Kissinger del NSSM 200 es la encarnación de la razón instrumental económica frente a la humanidad”[5].

Argentina era, en ese tiempo, el 4º país proveedor de armas a los narcos cariocas, detrás de EE.UU, España y Bélgica. Hasta el 2.005 los brasileños entregaban drogas y recibían armas.

Luego se habló mucho del contrabando hormiga, a través de la triple frontera, con armas livianas, de puño y no automáticas –tiro a tiro-, que el RENAR permitía vender en Argentina.

Desde setiembre de 1976 el embajador de Estados Unidos en Argentina Robert Hill bajó instrucciones del Departamento de Estado, ya que había estado presionando a militares argentinos sobre los aludidos derechos y por la tortura y muerte sufridas por media docena de ciudadanos norteamericanos.

 

Nota amarga

Luego del encuentro entre Kissinger y Guzzetti, el 19 de octubre de 1976, el embajador Hill escribió una nota amarga desde Buenos Aires, reclamando que “difícilmente podría hacer gestiones por los derechos humanos si el ministro de Relaciones Exteriores argentino no escuchaba el mismo mensaje de parte del secretario de Estado”.

Guzzetti le había dicho a Hill que “el secretario acababa para diciembre o enero, él (el secretario) estaba convencido que se podrán evitar serios problemas en Estados Unidos”.

Hill escribió asimismo que Guzzetti “fue a Estados Unidos, esperando escuchar advertencias fuertes, firmes y directas sobre las prácticas de los derechos humanos de su gobierno y, en lugar de eso, ha retornado en un estado de júbilo, convencido que no hay un problema real con EE.UU., en este asunto”.

El secretario de Estado Asistente para Asuntos Interamericanos Harry W. Shlaudeman, que participó de las reuniones con Guzzetti, respondió a Hill, en nombre de Kissinger “tal como en otras oportunidades y circunstancias, que sin duda usted ha encontrado en su carrera diplomática, Guzzetti escuchó lo que quería escuchar. Se le dijo en detalle como fuertemente ha reaccionado la opinión pública de este país en contra de los informes de abusos ocasionados por las fuerzas de seguridad en Argentina y la naturaleza de la amenaza que esto supone a los intereses argentinos. El gobierno estadounidense contempla muy seriamente lso compromisos internacionales de Argentina para proteger y promover los derechos humanos fundamentales. No debe caber duda al respecto…”.

Los memorandos de conversaciones clave, incluidos en esta columna no se encontraban entre los 4.700 documentos hechos públicos en agosto de 2002 por el proyecto de desclasificación de Argentina sobre el Departamento de Estado[6].

Estamos en condiciones de apuntar que las conversaciones de Guzzetti y el Departamento de Estado fueron precedidos por dos cables del embajador Hill, informando sobre los inútiles esfuerzos hechos ante Guzzetti y el presidente de facto Jorge Rafael Videla sobre derechos humanos y un análisis de inteligencia del Departamento de Estado sobre las prácticas contra subversivos de los militares argentinos y el testimonio de una  ciudadana norteamericana  torturada por fuerzas de seguridad argentinas.

Vale subrayar que, en agosto de 2001, un juez federal argentino pidió a Estados Unidos interrogar a Kissinger sobre la Operación Cóndor, el vasto plan de represión organizado en la década del 70 por las dictaduras sudamericanas con apoyo de la CIA. La operación fue responsable de prisiones ilegales, atentados terroristas y asesinatos.

La presente columna no analiza la intervención personal de Kissinger en otros países, dado que la misma se refiere a la violencia que tuvo que ver con nuestro país y Rosario como zona de influencia, en función de la documentación desclasificada que entendemos los rosarinos no debieran dejar de conocer.

Sólo resta agregar que lo apuntado tiene que ver con que Kissinger también ha sido investigado por su accionar pocotransparente en otros lugares del orbe como Vietnam, Camboya, Bangladesh, Chile y Timor Oriental.

 

La traición de Jeanne

Jeanne Kirkpatrik, la representante estadounidense en la Organización de las Naciones Unidas y aliada de la dictadura argentina terminó engañando a la Junta Militar.

El conflicto de las Islas Malvinas –tema que en el futuro cercano profundizaremos-, puso blanco sobre negro la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos.

Ello incidió para que fuera claro al hacerlos entrar en colisión y contradicción a la administración de Ronald Reagan, con el apoyo de la dictadura argentina, que estaba dando a los norteamericanos en Honduras, en lo atinente al entrenamiento de la guerrilla “Contra” que combatía a los sandinistas en Nicaragua.

Ello quedó taxativamente plasmado en su último despacho por parte del embajador británico en Washington, Nicolás Henderson, que fue liberado por los archivos oficiales británicos entre otros 3.500 documentos secretos de la guerra librada en el atlántico Sur.

El legendario Henderson, en el cable diplomático escribe lo que piensa de la actitud estadounidense en la guerra, cuando sugiere que Argentina podría haber sido “alentada a invadir las Malvinas” por dos funcionarios de la administración Reagan, la mencionada Kirkpatrick –a la que se la consideraba como feroz anticomunista y amiga del general Leopoldo Fortunato Galtieri-; el brigadier Basilio Lami Dozo y Thomas Enders, secretario asistente para América Latina.

Enders había cumplido un rol esencial en el secreto bombardeo a Camboya durante la Guerra de Vietnam y se lo consideraba un auspiciante del diálogo con los sandinistas, aunque apoyó al régimen salvadoreño en los días en que actuaban los Escuadrones de la Muerte. Eso sí., hay que dejar bien claro que Kirkpatrick y Enders se detestaban.

 

El papel de la CIA

“William Casey, jefe de la Central de Inteligencia de Estados Unidos, quien estaba preocupado por las discusiones en el gabinete argentino sobre la cuestión que nos ocupa, sugirió a los argentinos, de manera privada, que los argentinos “fueron llevados al camino equivocado: es que ellos creyeron que su apoyo  a Estados Unidos en las operaciones encubiertas en América Central eran más importantes que lo que en realidad eran, y que podrían ganar la aceptación norteamericana en otra gestión política y en otra parte”, escribió Henderson.

Los generales Mario Benjamín Menéndez y Jofré, quienes se desempeñaban como comandantes en las islas, interpretaron también mal a los norteamericanos.

El anticomunismo de la administración Reagan justificaba –porque le convenía-, el apoyo a la dictadura argentina y su colaboración en la guerra contra los sandinistas en Nicaragua.

Vale recordar que al menos 40 “consejeros militares argentinos”, encabezados por el coronel José Osvaldo “Balita” Riveiro, de la G2 de Inteligencia del ejército y del Batallón 601, estaban en Honduras colaborando con el militar Oliver North en la tarea de entrenar a los 9.000 efectivos de la “Contra” en acciones antiguerrilleras, dentro del marco de apoyo a Estados Unidos en su combate a Moscú.

Henderson, casado con una ex corresponsal de guerra descubrió que Enders tenía simpatías pro argentinas, cuando fue a informar a Alexander Haig, entonces secretario de Estado, sobre los movimientos de la flota argentina en el Atlántico Sur e intentó cínicamente de hacer un paralelismo entre Enders y Kirpatrick.

Es así que dijo Henderson que “al comparar a Kirpatrick con Enders, es difícil mejorar el apotegma que circula en el Departamento de Estado, donde el último es más fascista que loco y Kirkpatrick es más loca que fascista”.

Agregó luego: “Ella parece ser una de las más seguras para hacerse goles en contra, sin tener tacto, con la cabeza dura e ineficaz y con un dudoso tributo a la profesión de académica que lleva a su espalda, a la que ella expresa su fidelidad “, escribió con acidez británica.

El general Héctor Iglesias, -en nombre de Galtieri -, el vicealmirante Benito Moya, jefe de la Casa Militar -como enviado del almirante Anaya-, así como el brigadier José Miret, -como delegado de Basilio Lami Dozo-, actuó para boicotear y presionar al canciller Nicanor Costa Méndez.

Lami Dozo fue el último en enterarse de la invasión a Malvinas por boca de Galtieri y Anaya, el inspirador de la guerra.

Miret –como si disfrutara de un régimen “all inclusive” de un hotel centroamericano, desayunaba, almorzaba y cenaba con Kirkpatrick en Estados Unidos, mientras buscaban hallar una solución negociada en la guerra, luego del hundimiento del Crucero General Belgrano.

Costa Méndez estaba aislado ante la Junta por presión de Anaya y de Moya. Mientras tanto Kirkpatrick justificaba las atrocidades de los dictadores argentinos en nombre de la Guerra Fría y los consideraba componentes de un “régimen estable”. Ella era la interlocutora comprensiva. Fue la que pidió a Reagan un diálogo con los británicos en medio del conflicto bélico.

Malvinas puso una seria fricción entre Reagan y Margaret Thatcher, luego que rechazara tres veces la negociación, a pesar que el presidente norteamericano la instó a no humillar a los argentinos y la reina hizo lo propio. Es más, Reagan envió el 29 de abril de 1982 una carta a Thatcher en la que le dijo: “puede contar con nuestro apoyo en cada Forum en que esta cuestión sea debatida (….) Vamos a anunciar que el rechazo argentino a retirar las fuerzas de invasión y negociar en buena fe ha hecho necesario para Estados Unidos adoptar una nueva postura hacia Buenos Aires”.

Reagan le recordó a una testadura Margaret Thatcher –dos días antes del hundimiento del Belgrano-, que ella había dejado claro “que nada más que el mínimo esencial de fuerza sería utilizado”. Obviamente, Margaret, para ganar prestigio político, no cumplió con su palabra”.

 

Las Malvinas y los israelíes

En la época en que se planificaba la invasión argentina a Malvinas, Menachem Beguin envió emisarios al general Galtieri con un mensaje especial. En el mismo se decía que los israelíes miraban con simpatía la posición argentina en contra del colonialismo británico.

Con posterioridad, en febrero de 1982, mediante una comunicación telefónica, Begin le habría contado a Galtieri como habían luchado contra los ingleses colgando a muchos de ellos en palestina, en la década del 40.

Es más, Begin había incitado a Galtieri a que concretara su destino argentino en las Islas Malvinas y le habría prometido ayuda para lograr el objetivo.

En marzo de 1982, Begin, trascendió, habría llamado a Galtieri otras tres veces, y en una de esas conversaciones le dijo que mantendría a Estados Unidos junto a Argentina.

Paralelamente, los diplomáticos argentinos comunicaron desde Estados Unidos, habrían informado a Galtieri, que “estaban siendo abordados por hombres del Departamento de Estado norteamericano”.

Parecía ser que Begin había prometido armamento y repuestos a la Fuerza Aérea Argentina y el apoyo a nuestro país en la disputa territorial con Chile, a la vez que trascendía el compromiso de brindar a nuestro país información secreta confiable en cuanto a la reacción británica, luego de que se concretara la llegada de argentinos a las Malvinas, a lo que se sumaría, según trascendidos, el apoyo soviético al incidente.

 

Advertencia islámica

Una delegación islámica habría advertido a Galtieri que se podría caer en una trampa y se le dijo también que no apoyarían los reclamos argentinos si se ajustaba Argentina a la postura israelí.

Es más, quien esto escribe, en ese tiempo, recibió comentarios que indicaba que la cúpula militar que en ese tiempo expresó sus reservas sobre el apoyo de Israel, habría sido enviado a posiciones lejanas o separados de sus cargos por la Junta Militar.

La inteligencia israelí continuó informando a los diplomáticos argentinos con asiento en Londres, especialmente sobre la situación económica británica y le habrían dicho a Galtieri que el gobierno inglés no enviaría fuerzas militares a Malvinas.  A todo esto, la reina de Inglaterra era informada Thatcher de lo que iba sucediendo casi a diario, luego que esta última recibiera a su vez informes desde la embajada inglesa en Argentina.

 

Nada es gratis en la diplomacia

A cambio de la ayuda de Israel, el Mossad habría pedido a la Junta mayor influencia israelí en el gobierno argentino y la ayuda de nuestro país ante las Naciones Unidas.

Me decían, por ese entonces, que Begin hacía todo lo posible para que los diarios europeos callaran el accionar represivo de los militares argentinos y, paralelamente hicieran lo propio con las críticas de Amnesty Internacional.

Begin, vale decirlo sin tapujos, había iniciado –paralelamente-, negociaciones con los británicos, a los que habría entregado información vital sobre aspectos militares de los argentinos, así como códigos militares e incluso diplomáticos para que Thatcher no “pusiera toda la carne al asador” en la guerra y destruyera en su totalidad al complejo militar argentino. Obviamente, ello circulaba en el terreno de las especulaciones, pero “cuando el río hace ruido…”).

Begin, -en ese mar de consideraciones difíciles de probar-, se decía que a cambio de su ayuda pedía la cabeza de Lord Carrington, ministro de Relaciones Exteriores inglés, quien de manera persistente criticaba a Israel, a fin de obtener el comercio árabe para el Reino Unido.

 

Galtieri, un cadáver político

Thatcher, se decía, habría aceptado sacrificar a su ministro de Relaciones Exteriores. Incluso, al parecer, algún dirigente político argentino habría sido contactado en España por el Mossad para suministrarle la información de que su regreso al poder estaba cercano con la ayuda de Begin.

En la víspera de la ocupación argentina de las Islas Malvinas, Haig, Thatcher y Begin compartían un solo temor: que Argentina abandonara su expedición. Es por ello que Haig cambió, luego de la ocupación argentina a su territorio, su posición, para desesperación de Galtieri, pero la suerte estaba echada.

A medida que lo enunciado se hacía polvo, Galtieri le solicitó que mantuviera su palabra. Begin lo habría tranquilizado a Galtieri, pero el argentino ya era un cadáver político.

 

 

[1] Diario Clarín. 25/9/21

[2] Rojas Silveyra había participado en una conspiración contra Perón dos décadas atrás

[3] Gaceta Electrónica del National Security Archive Nº 104

[4] El NSSM200 fue el documento que planteaba las implicancias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad de Estados Unidos

[5] Perón versus Kissinger

[6] Los memcons fueron obtenidos por National Security Archive en respuesta a una petición amparada bajo la Ley de Libre acceso a los informes de Estados Unidos

 

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*Ricardo Marconi es Licenciado en Periodismo y Posgrado en Comunicación Política

Foto: Crucero ARA General Belgrano, hundido el 02/05/1982, marcando el rumbo de la Guerra de Malvinas (Martín Sgut)

Viene de acá: Los ciegos desaparecidos

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